El corredor colombiano admitió que está superando una "gripe, una infección de la garganta... y eso también te deja tocado, con dolores".
El colombiano Nairo Quintana, quinto en el Giro de Italia, espera "recortar el mayor tiempo posible" en la etapa del martes en la que se ascenderá el Gavia, el Stelvio y finalizará en Val Martello, si el frío lo permite.
"Mañana (martes) para mí lo mejor es que la etapa se hiciera entera. Para bien o para mal, las diferencias no van a ser las mismas si se hace sólo Val Martello", declaró Quintana durante el tercer día de descanso del Giro.
"Está claro que tampoco puedo hacer nada para que se haga o no. Si está en malas condiciones, pues lo primero es la seguridad de todos", añadió.
Quintana reiteró que el resultado de la etapa será muy diferente si se puede recorrer el trazado previsto: "Con todos los puertos las cosas son diferentes porque la gente llega más castigada, mientras que así todos se ven con más opciones y más después de haber recuperado fuerzas con el día de descanso. ¿El frío? Bueno, no es que lo prefiera, pero tampoco me va mal".
El jefe de filas del Movistar español está a 2'40" del líder de la general, su compatriota Rigoberto Urán y a 50 segundos del podio, cuando quedan cinco etapas para el final de la prueba, cuatro de ellas de montaña, que favorecen al escalador colombiano.
Sobre su estado de forma, Quintana comentó: "Estos últimos días he recuperado tiempo y físicamente me encuentro mejor y mañana la idea era recortar el mayor tiempo posible".
"Si Urán sólo pierde veinte segundos cada día está claro que no hay espacio para que pierda toda su ventaja, pero estamos viendo que aquí cada día hay uno que se deja más tiempo: vimos a (Cadel) Evans, a (Domenico) Pozzovivo... cualquier día puede caer él o yo mismo", añadió.
El corredor colombiano admitió que está superando una "gripe, una infección de la garganta... y eso también te deja tocado, con dolores".
"Al menos veo que las piernas cada día responden mejor y espero que pueda luchar, al menos, por el podio", agregó.
Sobre el hecho de que dos ciclistas colombianos estén disputándose la victoria final en una prestigiosa carrera como el Giro, Quintana aseguró que "es bonita la rivalidad con un colombiano".
"Cada uno tenemos nuestra hinchada y somos diferentes. Si no gano yo, está claro que prefiero que gane él y para Colombia lo importante creo que es que lo haga un ciclista de allí", añadió.
La carrera podría acabar decidiéndose en la cronoescalada del viernes, de 26,8 km entre Bassano del Grappa y el Monte Grappa.
"Va a marcar muchas diferencias", admitió Quintana. "En condiciones normales me favorece más a mí que Urán porque soy más escalador, pero hay que ver cómo evoluciono de mis problemas", explicó.
Colombia, el único país donde decrece la agricultura ecológica.
Así lo indican datos del Instituto Suizo de Investigación en Agricultura Orgánica y la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica.
Mientras Argentina, Brasil y Uruguay han incrementado el porcentaje de tierra destinado a actividades de agroecología certificada, en Colombia, esta cifra es del 1% y 2% de la producción nacional, es decir, 50.000 hectáreas.
Según datos de un estudio realizado por los expertos Helga Willer y Lukas Kilcher y publicado por el Instituto Suizo de Investigación en Agricultura Orgánica y la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica con sede en Alemania, en América Latina, 280.000 productores cultivaron 8,6 millones de hectáreas de tierra de manera orgánica, en 2009, lo que equivale al 23% del porcentaje mundial y al 1,4% de la tierra dedicada a labores agrícolas en el planeta.
Los principales países por hectáreas fueron Argentina (4,4 millones), Brasil (1,8 millones) y Uruguay (930.965), mientras que la proporción más alta de tierras agrícolas ecológicas se reportó en las Islas Falkland/Malvinas (35,7%), República Dominicana (8,3%) y Uruguay (6,3%).
Según el profesor Tomás León Sicard, investigador del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia, “si el país decidiera impulsar la agricultura ecológica, varios de los conflictos que históricamente ha afrontado el sector encontrarían soluciones, en especial, el que presenta la agroecología como una posibilidad para la paz”.
Para el profesor León, frente a los ambiciosos megaproyectos rurales, Colombia va perdiendo la discusión en materia de agricultura ecológica, pues se desconocen sus diversas posibilidades.
Durante su intervención en la undécima sesión de la Cátedra Manuel Ancízar de la U.N., denominada “Transición multifuncional del territorio rural”, el investigador destacó aspectos de la funcionalidad de la agroecología, más allá de lo que tradicionalmente se conoce sobre ella, como la eliminación de plaguicidas y el aumento de la biodiversidad.
Dentro de los aspectos menos conocidos, el experto mencionó que aumenta los límites planetarios para el uso de la tierra, reconfigura el territorio, en términos de conectividad espacial y de ecología del paisaje y, finalmente, favorece la interconexión del conocimiento mientras fortalece la innovación social.
El docente empezó su participación durante la cátedra respondiendo a la pregunta ¿qué es lo ambiental? Para ello, se apoyó en los lineamientos de la escuela del maestro Augusto Ángel Maya, filósofo del pensamiento ambiental latinoamericano, según los cuales, para comprender la relación ecosistema-cultura es importante entender a la agricultura, no solamente desde aspectos como la producción tecnológica o el uso de insumos, sino también desde factores económicos, sociales, políticos y simbólicos.
El invitado internacional de esta sesión fue el profesor Alfio Brandenberg, director del Posgrado en Sociología Rural de la Universidad Federal de Paraná (Brasil), quien centró su intervención en mostrar cómo la agricultura familiar está resultando clave para desarrollar diversos proyectos de agroecología.
Más allá de los aspectos centrados en la producción agrícola que se adelanta bajo estos parámetros, el profesor brasileño destacó que “uno de los éxitos de esta labor es el trabajo en redes, donde nuevos actores de lo rural se organizan de forma particular bajo un concepto de territorio”.
Otro de los participantes fue Julio Rodríguez Arrieta, productor agrícola de San Juan Nepomuceno (Bolívar), perteneciente al proyecto Finca Montemariana, el cual es coordinado por la Fundación Red Desarrollo y Paz de los Montes de María.
Dicho proyecto se basa en un modelo agroforestal que abarca un espacio de 1.123 hectáreas y que beneficia a cerca de 1.000 ciudadanos del área rural de los Montes de María. La mayoría de ellos son campesinos que han retornado luego de un proceso de desplazamiento que duró casi dos décadas.
Rodríguez explicó que en él se combina el conocimiento tradicional indígena con las prácticas tradicionales rurales de su territorio. “Dicho modelo consiste en escoger los cultivos transitorios como maíz, yuca o ñame y combinarlos con cultivos semipermanentes como el plátano y la producción de cítricos”, comentó.
Este procedimiento incentiva la relación empleo-ingreso, pues los cultivos transitorios ofrecen posibilidades de ventas óptimas. Además, la cosecha de plátano aporta un alto porcentaje de ganancia y, en cinco años, los cítricos fortalecerán la seguridad alimentaria y los ingresos económicos.
“Buscamos la autonomía y el empoderamiento para evitar volver a ser víctimas del desplazamiento forzado. Por eso, el objetivo es recuperar el tejido social afectado durante más de 20 años por el conflicto armado que afrontó la región. Queremos poner, no un pedazo de tierra más en manos de nuestros hijos, sino un espacio, un territorio que puedan administrar para garantizar una mejor calidad de vida en el campo”, concluyó.
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